Desde hace algún tiempo está siendo cada vez más frecuente la aparición de personas o grupos de personas que ponen en marcha lo que llaman “protectoras privadas”, páginas de difusiones en redes sociales, etc.

En la mayor parte de los casos se trata de gente con buenas intenciones, preocupados por el bienestar de los animales, pero con escasos o casi nulos recursos, con instalaciones inadecuadas y sin legalizar o inexistentes, y con conocimientos muy justos sobre el manejo y atenciones que los animales requieren.

También existe una minoría de casos que tras la apariencia de actuar para la protección de los animales, esconden otros fines personales, económicos y/o de otros tipos. Pero estos casos no son los que nos interesan hoy.

Pretendemos llamar la atención de quienes realmente tienen esas buenas intenciones y servirles de orientación y ayuda, para intentar evitar los problemas más frecuentes en estos casos.

Primero hablemos de las personas, por muy buenas intenciones que tengamos, si no disponemos de unos mínimos conocimientos sobre el comportamiento de los animales ya vamos mal encaminado. Cada especie tiene unas necesidades diferentes, y dentro de cada especie cada individuo es también diferente.

Lo que a nosotros desde el punto de vista humano puede parecernos adecuado, para un animal puede ser inadecuado e incluso nocivo. Muchos de los animales recuperados presentan o pueden presentar problemas de comportamiento, y necesitarán un tratamiento individualizado, así que si queremos hacer las cosas bien desde un principio necesitamos imprescindiblemente tener una formación adecuada.

Necesitamos la colaboración de profesionales veterinarios, para vacunaciones, desparasitaciones e identificación de los animales, además de tratar las enfermedades que pudieran padecer.

De tener o proyectar tener instalaciones para alojar a los animales recuperados, debemos de tener claro desde un principio la necesidad imperiosa de que sean legales y cumplan todos los requisitos necesarios. Si no lo hacemos así, sea por la causa que sea, estaremos poniendo en grave peligro el futuro del proyecto e incluso a los animales que se aloje.

Las instalaciones tienen que ser adecuadas a las especies con las que vayamos a trabajar, e importantísimo, de fácil limpieza y desinfección. Volvemos a repetir que lo que a un humano puede parecerle bonito o adecuado quizás no sea lo mejor para los animales, de ahí la necesidad de que las instalaciones estén adecuadas siguiendo las indicaciones de profesionales capacitados.

Cuando no se dispone de instalaciones se recurre a las llamadas “casas de acogida”, aquí tenemos que ser muy selectivos, y aceptar sólo las que tengamos la seguridad de que van a saber realizar tal función adecuadamente, atendiendo las necesidades del animal y manejándolo de forma adecuada a su carácter y comportamiento. Igual que la mayor parte de quienes están trabajando por los animales realizan contratos de adopción, las casas de acogida deben estar reguladas mediante un documento que defina claramente las relaciones entre quien entrega el animal en acogida y quien lo acoge, así nos evitaremos problemas futuros.

Las llamadas “Difusiones” realizan una gran labor siempre y cuando tengan claras sus funciones. No es adecuado difundir el caso de un animal que está abandonado en la calle buscando una casa de acogida o una adopción inmediata, sin conocer ni el estado físico y psíquico real del animal, ni a la casa que se ofrece para la acogida ni al posible adoptante. De hacerse así, más que posiblemente, el caso esté abocado al fracaso o a todo tipo de problemas que complicarán la solución definitiva.

Sería deseable que lo que se difunda en estos casos sea el estado del animal, para que quienes sí disponen de instalaciones adecuadas o casas de acogida verificadas y solventes, puedan sacar al animal de la calle. Posteriormente y cuando el animal esté rehabilitado y listo para adopción es cuando puede difundirse el caso para una adopción definitiva.

También es muy importante ser conscientes de nuestras posibilidades y medios, es mejor gestionar diez animales adecuadamente, dándoles las atenciones y cuidados que necesitan, y conseguir que sean bien adoptados, que “coleccionar” animales en terrenos, huertos o casas de acogida inadecuados y en condiciones lastimosas.

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Si no tenemos esa consciencia a la hora de plantearnos nuestro trabajo, podemos llegar a encontrarnos con 40, 50 o más de 100 animales para los que no vamos a disponer de medios suficientes para atender mínimamente, con el consiguiente problema zoosanitario que siempre termina en soluciones indeseables y perniciosas para los animales.

La finalidad de protectoras, difusiones y amantes de los animales debe ser conseguir adopciones responsables para los animales recuperados, y para llegar a este fin es preciso que comprendamos que hacerlo bien no siempre es fácil, pero que si lo hacemos así los resultados siempre serán satisfactorios.

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